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Versos al calor del deseo

Breves palabras me buscan esta mañana
en que extraño la fiereza ancestral de tu boca,
esta mañana que la luz ha entrado fugaz
por las rendijas cansadas de la ventana
y ha posado su laúd de polvo suspendido
entre el regazo azul y cálido de las sábanas.

Tenues palabras me persiguen
en un afán de poemas huérfanos,
de estrofas entrelazadas,
mientras cabalga el día entre mis manos
y escucho las canciones que en la cocina
siseas cuando amasas la ternura
y condimentas el amor a fuego lento.

Viene hacia mí el poema desbocado,
con afanes de provocación y cierta lujuria,
escucho tus pasos que se acercan
y un perfume a canela y membrillo
invade la estancia lentamente,
tocas mis cabellos y sonríes
mientras tu mirada sobrevuela las palabras
dejando entre sus lineas migajas de pan,
para que no me pierda,
para que sepa regresar a tus abrazos
cuando la noche invada el territorio
y clausure el verso definitivamente.

Ánima ausente.

No es necesario este invite de farándula,
ni este continuo castigo de penitencias,
el alma abandonó su prisión efímera
hace tiempo,
mucho tiempo,
cuando aún persistía la luz en la caverna
y aquel fiero animal bípedo
rastreaba las sombras en busca de su presa.

Luego,
cuando las conquistas se adueñaron del mar
y la tierra sin remedio
y el cielo se pobló de simétricos aeroplanos,
la carne emponzoñó de salivas ocres
la espalda silente del espíritu,
premonición definitiva de su fuga última,
de su extinción prematura.

Ahora,
tras el fugaz suspiro del penúltimo instante,
solo quedará la podredumbre de la sangre,
la mísera viudedad de los huesos,
la fe inmisericorde de los difuntos
y la tierra que todo lo devora y consume,
y a todo da fulgente utilidad,
eterna sepultura.

En ese lugar

Duermo bajo la colcha gris del invierno,
endeudado por la cicatriz de los días,
viajero pertinaz de todas las sendas
que conducen, irremediablemente,
hasta la frontera abril de tus labios.

Pero ten presente una cosa más,
estaré dónde crecen los juncos,
en el rojo mar de las amapolas
o bajo la sombra deshilachada de los almendros.

Allí dónde emigran los sueños
y amanecen desbordadas de incertidumbre
dos manos de placida calidez,
de tacto iluminado.

Y allí he de esperar que regreses
nocturna al cobijo de esta hoguera,
al manso recodo de la luz
en que habita la esperanza
y deambula sin pausa la ternura.

Algunas veces

A veces,
sólo a veces,
escucho la pisada,
observo el vuelo,
dicto las palabras.

A veces,
sólo algunas veces,
me desnudo sin motivo,
escarbo en los bolsillos
sin buscar nada,
ando a gatas para sorprenderte,
amanezco alegre
(qué extraño)

A veces,
en alguna ocasión efímera
salgo a la calle,
miro el cielo gris,
pateo botes vacíos,
enciendo la luz
y es de día.

A veces,
en alguna esporádica ocasión extraña,
hablo con la gente,
me persigno por un relámpago,
cuento chistes malos,
cojeo sin darme cuenta
y me afeito para ti,
sólo para ti,
…y sin que me lo pidas

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